Che mbo’eharepe. Luis Alberto del Paraná y Los Paraguayos

Día del Maestro

La profesión docente es una de las más exigentes, pero, a la vez, gratificantes para quienes la abrazan con verdadera vocación. En la vida de las sociedades y de los individuos, los maestros marcan historia y hacen la diferencia. Nadie olvida jamás a sus buenos maestros, aquellos que influyeron de manera rotunda en su educación y en su personalidad. Y esa incidencia no siempre tiene que ver precisamente con las enseñanzas contenidas en la malla curricular, sino con el ejemplo de vida. Nuestros maestros y maestras conforman hoy una fuerza laboral de más de 80.000 personas. Constituye una multitud diversa que tiene en común una gran responsabilidad, que toca la fibra de la sociedad y afecta a su presente y su futuro. Los educadores deben comprender que si la sociedad demanda tanto de ellos y los observa permanentemente, es porque considera su rol como fundamental. Por lo tanto, esa exigencia permanente, antes que como una carga, debe ser valorada y tomada como un estímulo por el gremio, ya que el fracaso docente equivale al fracaso del país. Expresamos, pues, a los maestros y maestras en su día, nuestros mejores augurios de felicidad y éxitos.

ETIQUETAS

EDITORIAL DE ABC COLOR
La profesión docente es una de las más exigentes, pero, a la vez, gratificantes para quienes la abrazan con verdadera vocación. Los nuevos paradigmas, la incertidumbre que es el signo de los tiempos que corren y las cambiantes tecnologías, desafían hoy a quienes la eligieron por íntima inspiración y como un modo de ganarse el sustento. Si bien el gremialismo del magisterio rechaza la idea romántica de la docencia como sacerdocio, no cabe duda de que no se trata de una profesión más, sino de una que requiere vocación auténtica, y dedicación y cariño excepcionales.

En la vida de las sociedades y de los individuos, los maestros marcan historia y hacen la diferencia. Nadie olvida jamás a sus buenos maestros, aquellos que influyeron de manera rotunda en su educación y en su personalidad. Y esa incidencia no siempre tiene que ver precisamente con las enseñanzas contenidas en la malla curricular, sino con el ejemplo de vida. En las reuniones de excompañeros los ejemplos abundan, y es recién en la madurez que se comprende y valora, por ejemplo, al profesor estricto y riguroso. O a aquel que tal vez apelaba a métodos no tradicionales para encender la pasión de sus estudiantes por un tema.

Nuestros maestros y maestras conforman hoy una fuerza laboral de más de 80.000 personas. La mayoría de ellos presta servicios en el sector público, y solo un poco más de 10.000 trabajan en escuelas y colegios privados. Constituyen una multitud diversa que tiene en común una gran responsabilidad, que toca la fibra de la sociedad y afecta a su presente y su futuro.

Por miserias políticas de los últimos 70 años, existe en nuestro país, a nivel general, una desvalorización del rol docente. El Día del Maestro, que se celebra hoy, es una oportunidad propicia para una autocrítica personal y gremial. ¿A qué se debe ello? ¿Qué nivel de responsabilidad tienen los propios maestros y maestras en que su figura ya no merezca el respeto que tenían cuando eran influyentes autoridades morales y referentes hacendosos en sus pueblos y ciudades? Parte de ese descrédito es atribuible a que decidieron mezclar la política partidaria con la educación, a que comenzaron a valerse de prebendas y padrinazgos políticos para acceder o mantenerse en los cargos cuando decidieron no capacitarse ni actualizarse. Y otro factor negativo, innegable, viene de la falta de actualización y familiarización de muchas maestras y maestros con las nuevas tecnologías. Efectivamente, no es raro ver educadores que se sienten sobrepasados por sus alumnos, quienes no pocas veces manejan temas mejor que ellos, porque los investigan en fuentes en línea. El desgaste de la imagen del docente viene también de la falta de compromiso de algunos por no preocuparse de sus alumnos y abandonar las clases con cualquier excusa.

A pesar de que el gremialismo, llevado a sus extremos más cuestionables, ha conspirado contra la imagen de esta profesión, en contrapartida existen miles de maestros y maestras comprometidos con el resultado de su labor, quienes hasta llegan a suplir el rol de padres desentendidos de la vida de sus hijos.

Hay docentes heroicos que llegan al punto de pasar por innúmeros sacrificios personales para llegar a sus puestos de trabajo –como ahora mismo se está comprobando en la anegada región del Ñeembucú– y que hasta compran comida, útiles y abrigos para sus alumnos más desprotegidos. Estos últimos casos, además de producirnos admiración, a la vez hablan de la precariedad en que se desenvuelven y que dificulta dedicarse a su tarea fundamental que es la de ser articuladores de una educación de calidad.

Las nuevas exigencias que tienen los docentes muchas veces exceden su educación formal, por lo que deben tener una actualización y capacitación continua. Es imperativo, entonces, que desde el Estado haya una oferta permanente al respecto, de modo que la falta de oportunidades de capacitación no pueda ser nunca la excusa para que un docente no actualice sus conocimientos.

Los educadores deben comprender que si la sociedad demanda tanto de ellos y los observa permanentemente, es porque considera su rol como fundamental. Por lo tanto, esa exigencia permanente, antes que como una carga, debe ser valorada y tomada como un estímulo por el gremio, ya que el fracaso docente equivale al fracaso de todo un país.

Expresamos, pues, a los maestros y maestras en su día, nuestros mejores augurios de felicidad y de éxitos en su importante y trascendente labor.

FUENTE:abc

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.