Una bombera fuera de serie

Por Juan Cálcena Ramírez, ABC Color

Una perra de tres años, mascota de la Compañía de Bomberos Voluntarios de San Lorenzo, acompañó como una luchadora más a los valientes que ayer combatieron el fuego en el incendio del Mercado Municipal de San Lorenzo. Conozca su historia.

Hace unos tres años, una cachorra fue llevada a la sede del cuartel de Bomberos Voluntarios de San Lorenzo, la séptima compañía. La pequeña tenía tres meses y se ganó rápidamente el cariño de todos los bomberos que trabajan en ese lugar. La perrita fue adoptada y quedó como la mascota del sitio. El nombre no podía ser muy diferente: se llama “Peque”.

“Peque” es una perra mestiza, “puro corazón, como se le dice”, contó Gabriel Romero Crechi (29), uno de los bomberos que desde hace 11 años forma parte del equipo de San Lorenzo. Gabriel fue quien publicó en su cuenta de Facebook la increíble historia de “Peque”, que va más o menos así.

Sábado a las 3:15 de la madrugada. Suena la alerta entre los bomberos, quienes declaran “emergencia general”. Esto quiere decir que se convoca a todos las cuarteles para que vayan al mismo sitio. El Mercado Municipal de San Lorenzo ardía en llamas. Comenzó con un cortocircuito que se fue expandiendo cada vez más y más, hasta destrozar varios negocios, muchísimos bienes de personas humildes. La tristeza y la desazón reinaban entre el fuego. Las imágenes eran elocuentes.
“En realidad no me encontraba de guardia. Yo estaba en casa descansando porque habíamos llegado el viernes de noche de un viaje familiar y me enteré del incendio por las redes sociales, entonces me preparé y fui a dar una mano, ya que fue declarada la ‘emergencia general’”, relató Romero Crechi en conversación con ABC Color.

En total, 23 compañías del Cuerpo de Bomberos Voluntarios del Paraguay (CBVP) acudieron hasta el lugar para aplacar las llamas. “Hablando mal y pronto, fuimos unos 400 bomberos”, dijo Romero. “Hubo rotación. Hubo gente que se acopló durante la mañana y compañeros que se retiraron por compromisos laborales”, detalló.

Pero en la lucha contra el fuego también ayudó una “bombera” especial… “Peque”.

Nadie sabe cómo “Peque” llegó hasta el sitio del incendio para ayudar a sus “amos”. Entre el cuartel de San Lorenzo y el mercado, hay unas 12 cuadras que la perrita atravesó por su cuenta para acompañar a los bomberos. “Ella llegó sola al lugar del siniestro. Porque posterior al incendio en el cuartel consultamos si alguien la llevó y nadie tenía conocimiento. De hecho, considero muy difícil que en un momento de tanta adrenalina algún compañero tenga cabeza para llevarla a ‘Peque’”, señaló Romero.

“Peque” pertenece a la familia de los bomberos desde hace 3 años. “Fue traída por un compañero bombero y muy rápido nos encariñamos con ella”, agregó. “Ella no tiene entrenamiento, pero creo que no necesita entrenamiento para tener alma de bombero y fidelidad. Ella se quedó con nosotros hasta el final, bajo la intensa lluvia estaba a nuestro lado. Después sí la trasladamos en camioneta de regreso al cuartel. Estaba exhausta y se pegó un merecido descanso”, dijo.

La perrita tiene 120 “amos” en el cuartel, en donde se activa en grupos de entre 60 y 70 personas, distribuidas en cinco grupos de guardias especiales, un día a la semana.

UNA LECCIÓN PARA APRENDER

Para Gabriel Romero lo acontecido ayer en el Mercado de San Lorenzo refleja el nulo respeto hacia las medidas y normas de seguridad. Aseguró que al parecer se espera que “mueran otras 400 personas” para tomar en serio lo referente a la prevención de incendios, en alusión a la tragedia del Ycuá Bolaños.

Romero, quien vive en San Lorenzo, manifestó que el incendio es uno de los más grandes a los que asistió y que duele mucho más cuando es en la comunidad donde uno vive. “Más de un amigo o conocido fue afectado ayer. “El Ycuá Bolaños es la lección no aprendida en el Paraguay. Ayer fueron pérdidas materiales. Mucha gente se quedó sin el pan diario, pero al menos con vida”, reflexionó.

Por otro lado, dijo que el ser bombero es el “hobby” más peligroso que existe, porque se trabaja con muchas limitaciones, con equipos y móviles que son desechados por otros países, en muchos casos sin garantías de seguridad. “Particularmente yo no pido un sueldo, porque ahí radica nuestra esencia, la de ser voluntarios. No queremos sueldos, solo medios para servir voluntariamente”, pidió.

Y si pudiera hablar, es algo que también –por qué no– la fiel “Peque” pediría para sus amos.

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