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LA PARADOJA DE LA EXPECTATIVA DE VIDA MÁS LARGA. También llamada esperanza de vida, es la media de la cantidad de años que vive una determinada población. Hoy en día el ser humano tiene una mayor expectativa de vida, se estima que es de 77 años, lo que contrasta con la media de longevidad de antaño que era de 30 y tantos años;muchos morían de infecciones, parto, gripes y virus o heridas a temprana edad. Podríamos pensar que la salud ha mejorado, que la medicina ha mejorado y que las dietas han mejorado, pero no es tan simple como eso porque este indicador de vida más larga viene acompañado de limitaciones y condiciones crónicas.

Actualmente sí, vivimos más, pero gracias a los malos hábitos de salud y nutrición, y a las enfermedades crónicas producto de esto, el ser humano vive más a pero vive mal, vive como muerto en vida. res y síntomas a medias mientras no atienden la causa y además generan varios efectos secundarios que empeoran la calidad de esa vida más larga?

La “enfermedad” crónica es esa enfermedad persistente, esa condición de disminución de tus capacidades o funciones normales que no se va y que, por el contrario, crece y empeora progresivamente con el tiempo pese a fármacos y visitas al médico. Es esa condición crónica que suspende e impide la vida plena, que irroga dolor no solo físico sino emocional; agota en cuerpo, mente y alma, limita al ser que la sufre, lo imposibilita a vivir bien, a pensar bien y a sentir bien.

Frustra, amarga, limita, mata en vida. “Mijito, no puedo jugar contigo, otra vez tengo migraña” “Ni siquiera puedo arrodillarme en la iglesia o agacharme a recoger algo no podría ni levantarme” “Amor, esta noche no, estoy otra vez con jaqueca/gases/reflujo/colon inflamado/infección urinaria/mareos/no me funciona/no siento nada” “Me dan gripes cada dos a tres meses —es el clima, mi hijo que me la pasa, es el ambiente” “Imposible viajae a visitar ese hermoso sitio, hay muchas escaleras y estoy propenso a paro cardiaco”.

¿Sigo?

Claro que vivimos más. Pero estas condiciones, que cada día van al alza, nos impiden vivir esta dichosa y ganada longevidad en su máxima expresión. Aunque estas condiciones crónicas no matan al ser humano le roban calidad de vida.

Le roba su dinero, su tiempo, su felicidad y su oportunidad de cumplir su misión de vida y le roban la oportunidas de dar y servir al prójimo.

Las enfermedades crónicas también detienen el desarrollo del mundo y el motor laboral: son la principal causa de ausencia del trabajo y la principal causa de bajo rendimiento y baja productividad del personal.

Pero nada de esto se compara con el sufrimiento profundo del individuo coartado en sus funciones y capacidades, que vive en dolor y en impotencia recibiendo diagnósticos que dan una nomenclatura a su síntoma y lo bautizan como tal enfermedad (ejemplo: depresión) y recibiendo la prescripción de un fármaco para eso. Decirle a un paciente que tiene depresión no lo ayuda. Lo que lo ayuda es INVESTIGAR Y DETERMINAR qué le está causando esa depresión que es solo el síntoma. La depresión de Juan no es la misma que la de Pedro o Alicia. Tampoco la de Andrea. Probablemente la de Juan es por alimentarse con harinas y trigo y nunca comer vegetales verdes (ricos en magnesio cuyo déficit promueve la depresión), la de Pedro es por vivir a dieta cero grasa lo cual afecta el sistema nervioso y cognitivo, la de Alicia por dormir pocas horas y hacer demasiado ejercicio que afecta terriblemente los niveles cortisol, las adrenales y su estado emocional y nervioso; la de Andrea podría ser por esas tres causas juntas o por una tiroides funcionando mal y manteniéndola agotada y desanimada, y aquí nos podemos quedar hasta mañana conversando de posibles causas. Por experiencia de tantos años con pacientes reales y clientes desesperados que alcanzan a ver la luz y logran vivir brillando con luz propia, puedo decirles que NUNCA, NUNCA JAMÁS una depresión es igual que otra, como ninguna obesidad es igual a otra o una hipertensión igual a otra hipertensión.

Obviamente para los casos mencionados de depresión, la solución médica tradicional, el antidepresivo, no hará nada bueno por estas personas sino enmascarar el síntoma —apenas— y matenerlos en depresión, pero claro, medicada, frenada con los consiguientes efectos secundarios que también siempre son diferentes en cada afectado.

Y es que, como digo a mis clientes, “Cada paciente enviado por doctor, cada cliente que me busca para lograr sus metas, es un sudoku único e irrepetible”.

Desafortunadamente el sistema médico moderno basado en la teoría microbiológica y con avanzada infraestructura, equipos y armas (medicamentos) hace que para todo haya un fármaco que ataca al enemigo (síntoma), cuando lo que el mundo necesita es PREVENCIÓN y SANACIÓN a través de la atención a la causa del problema y la implementación de buenos hábitos nutricionales/mentales/emocionales/espirituales (no confundir con religiosos, por favor). Contamos con un sistema médico mayormente compuesto por médicos que no se actualizan y que no reciben un ápice de instrucción académica en nutrición integrativa. Bingo, receta para el desastre de la salud mundial. Tenemos este sistema médico moderno y un gasto mundial en atención médica altísima de miles de millones de dólares pero una humanidad enferma permanentemente. Algo anda mal.

Afortunadamente, la postmoderna y aún poco conocida MEDICINA FUNCIONAL (a la que como terapeuta/coach de salud estoy ligada profesionalmente) desecha el paradigma de la medicina y tratamiento por síntomas y trata los problemas de salud por la causa: no ve al cuerpo humano como un auto al que se le daña una pieza y hay que repararla o cambiarla, sino como un árbol que si por ejemplo sus ramas están débiles o sus hojas secas, revisa sus raíces, el suelo, el riego, la luz o el alimento y si es el caso dirije medicina/suplementación a la causa y no al síntoma. Escuché en una de sus conferencias en vivo al maravilloso doctor Mark Hyman decir: “la medicina funcional supera el concepto de medicina por enfermedad y evoluciona a la medicina por sistema”.

La medicina funcional es una visión ecológica y dinámica de la salud, que entiende que la enfermedad se crea y se da en el desequilibrio y el desbalance; la salud se restaura en el balance.

Todo aquel que sufra de condiciones crónicas debe sacarse la venda de los ojos y dejar de tener fe en esos paliativos (fármacos) y empezar a buscar las soluciones en lo que come, en como vive, como piensa, como ofrece si vida al mundo al que vino a hacer algo bueno.

Si bien hay condiciones que se dejaron avanzar a niveles en que requieren medicación, con un cambio de hábitos y estrategias nutricionales dentro y fuera del plato que lleven a ese organismo a alterar la expresión de sus genes, todos podrán alcanzar el balance y regresarán a la vida que merecen, a vivir bien.

Por favor, no reducir el concepto de balance a “comer sano y también de vez en cuando comer dulces y golosinas”. Es una idea totalmente distante de lo que significa balance en nutrición y en salud. El equilibrio y el bienestar no se obtienen ni se viven por una operación matemática de “como más limpio y menos sucio, entonces el balance es positivo”.

Balance es bienestar, es calidad de vida. Balance es sentirte bien y no estar en vayvén de extremos, balance es no necesitar comidas trampa (porque no vives restringido —ojo, si se usa como estrategia para mejorar composición corporal y reactivar hormonas para llegar al balance es una cosa, pero no un modo de vida planificado como premio); balance es no vivir ansioso muerto de hambre y antojos masticando chicle y tomando litros de litros de agua para matar la ansiedad. Balance es vivir bien, es dedicarte a vivir y a ser, no vivir pensando en comer y perder tiempo en cálculos de calorías, carbs o grasas. Balance es amar, comer, dormir, disfrutar, dar. Es estar en salud sin necesidad de vivir controlando o vivir a dieta.

Y lo más lindo de todo es que ningún ser humano es víctima de sus genes, sino de sus malas decisiones. La buena noticia de todo esto es que todos pueden cambiar esas decisiones y la expresión de sus genes ya, hoy mismo, ahora mismo y, en pocos meses o semanas, gozar de la salud y la felicidad que todos merecemos: brillando.

Entender esto hace muchos años fue lo que me motivó a fundar Verde y Rosa, a escribir mi libro Balance Nutricional y a estructurar mi Plan Detox (que no tiene nada que ver con dietas o jugos) y dar talleres y conferencias para cambiar vidas.

Muchas gracias por tomarse el tiempo de leer y por tener la valentía de tomar acción, de compartir sus comentarios y sus testimonios para inspirar a más personas. Recuerden que cuando ustedes brillan, todo brilla a su alrededor.

Publicado por

Redacción

Redatores: Edgar Encisco y Oscar Lopez

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