Periodistas que dieron su vida por el país

Por Osvaldo Cáceres Encina

Ayer se recordó el Día del Periodista en Paraguay. Una fecha con una profunda connotación histórica pues un 26 de abril de 1845 el presidente Carlos Antonio López fundó el periódico El Paraguayo Independiente.

Lo hizo con una profunda convicción de que a través de las letras se iba a consolidar la soberanía de nuestro país.

Tras la larga dictadura del presidente Alfredo Stroessner, muchos valientes periodistas eligieron el camino de la comunicación para apoyar esa transición a la democracia.

Uno de ellos fue Santiago Leguizamón, quien a través de radio Mburucuyá de Pedro Juan Caballero, sus constantes enlaces con Ñandutí de Asunción y sus escritos en el desaparecido diario Noticias destapó la mafia fronteriza en Amambay.

El narcotráfico, el tráfico de armas, el contrabando de cigarrillo y quienes estaban detrás fueron temas que expuso a una opinión pública, que recién se recuperaba del cerco de silencio que impuso la dictadura.

Tamaña osadía le costó caro a Leguizamón y al periodismo nacional. La mafia eligió un Día del Periodista para dar una lección ejemplar.

De esa forma Leguizamón fue asesinado el 26 de abril de 1991. A partir de ese momento, los festejos del Día del Periodista fueron distintos, con una rara sensación de mezcla de impotencia e impunidad.

Pero esto no acabó ahí. Más periodistas fueron ultimados en diversas circunstancias.

El último caso ocurrió el 16 de octubre de 2014 cuando asesinaron a Pablo Medina.

El comunicador, a través de sus escritos en ABC, desnudó la corrupción política en el departamento de Canindeyú, su conexión con el narcotráfico y los asesinatos.

Si bien hay dos detenidos por este caso, queda el tufillo desagradable de saber hasta qué punto la clase política de esa zona estuvo vinculada al hecho.

Ayer no fue un día de festejos. Fue un día para solidarizarse con aquellas familias que perdieron a sus seres queridos, a quien les costó la vida decir la verdad.

Fue un día para recordar que la prensa cumple un rol preponderante en el desarrollo de una sociedad democrática y para homenajear a aquellos que dieron su vida por abrir los ojos a una sociedad que como retribución, debe romper el estado de pasividad para exigir el castigo a los responsables de la corrupción y la impunidad que sigue imperando en nuestro país.

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