Se deben desarticular las roscas que manipulan las obras públicas

Lo que nuestro diario ha venido denunciando en forma reiterada sobre las maniobras tramposas que rodean a las obras públicas viales fue confirmado por declaraciones de los propios voceros de las empresas constructoras durante un reciente Congreso de la Federación Interamericana de la Construcción (FIIC), en el sentido de que los proyectos de obras originales, tal como están descritos en los documentos oficiales de las convocatorias a licitaciones y en los contratos posteriores, no se corresponden fielmente con lo que después el Gobierno les pide ejecutar. Por eso, esto último resulta siempre más costoso de lo pactado inicialmente, con lo cual se generan los atrasos y sobrecostos que después producen “la necesidad” de la reprogramación presupuestaria de la obra. Precisamente, el gran negociado consiste en reprogramar, en ejecutar ampliaciones o complementos no previstos.

Lo que nuestro diario ha venido denunciando en forma reiterada sobre las maniobras tramposas que rodean a las obras públicas viales fue plenamente confirmado por declaraciones de los propios voceros de las empresas constructoras, en ocasión de un reciente congreso de la Federación Interamericana de la Construcción (FIIC), según lo que se publicó en la prensa.

El directivo de la Cámara Paraguaya de la Construcción (Capaco) y vicepresidente de la FIIC Gustavo Masi se quejó de que los proyectos de obra originales, tal cómo están descritos en los documentos oficiales de las convocatorias a licitaciones y en los contratos posteriores, no se corresponden fielmente con lo que después el Gobierno les pide ejecutar, de modo que esto último resulta siempre más costoso que lo pactado inicialmente, con lo cual se generan los atrasos y sobrecostos –los famosos “sobrecostos”– que después producen “la necesidad” de la reprogramación presupuestaria de la obra.

El representante de esas empresas de construcción presenta el caso como un problema a ser solucionado, una dificultad que no compete a su gremio, cuando que hay fuertes sospechas de que, históricamente, no pocos directivos de las empresas que ejecutan proyectos de obras viales estatales, que contratan con el Estado en esas condiciones, lo hacen a sabiendas, e, incluso, en muchos casos, en complicidad con los funcionarios encargados de tales proyectos. Precisamente, el gran negociado consiste en reprogramar, en ejecutar ampliaciones o complementos no previstos.

A su turno, el presidente de la Capaco, Jorge Moreno, se quejó de los retrasos en los pagos y deslizó la idea de que el actual Gobierno estaría “castigando” a su sector, a cuyos directivos se acusa de “delincuentes” aunque sin darse pruebas de veracidad, según alegó.

Si los directivos de ese gremio plantean que la demora en los pagos de cuentas pendientes con ellos por parte del Gobierno tendría carácter político y no financiero, es decir, que sería un “castigo”, es que admiten que algún motivo ha de existir para que sean vistos como dignos de sanción. Tal vez les vendría bien un examen de conciencia; seguido de un sincero y firme propósito de enmienda a quienes les vaya el sayo.

La mayoría de los empresarios de la construcción se hicieron multimillonarios monopolizando obras viales estatales durante décadas, ganando licitaciones amañadas, conformando “roscas” exclusivas entre los grandes para repartirse contratos y turnarse con las “ofertas ganadoras”, negociando con los funcionarios las ampliaciones de obras no previstas en los proyectos y las consabidas reprogramaciones; o ejecutando mal los trabajos, reduciendo los costos con materiales ordinarios o por debajo del nivel mínimo de calidad, corrompiendo fiscales para que acepten los mamarrachos; y mil y una argucias ilícitas más que conocidas.

Pero a la hora de escuchar estas acusaciones no atinan sino a pedir pruebas. Los empresarios y directivos de Capaco las saben todas. Pruebas contra ellos habrá cuando los funcionarios gubernamentales encargados de controlar lo que hicieron sean lo suficientemente honestos y patriotas como para no dejarse corromper; y lamentablemente, al parecer, este país hasta hace poco todavía no estaba en condiciones de generar esta clase de gente.

Si el gobierno de Horacio Cartes está realmente decidido a moralizar el sector de obras públicas –no solamente en el Ministerio que lleva ese nombre sino en todos los organismos, entidades y sociedades estatales que realizan proyectos de este tipo–, este es el momento adecuado, porque posiblemente muchos de los funcionarios corrompidos por esos inescrupulosos empresarios de la construcción que están en el enjuague han sido sustituidos por otros, lo que presenta la oportunidad para limpiar esos sectores enviciados con el enorme y descarado robo al erario que se perpetró y se perpetra mediante los negociados en obras públicas.

Ahí se tiene ante la vista y como brillante ejemplo, entre las últimas experiencias padecidas en este ámbito, la malhadada avenida Ñu Guasu, proyectada, licitada, contratada e iniciada a los ponchazos, de rompe y raja, contra todo buen consejo y prudencia. Ahí se tiene lo que quedó de tanta improvisación y afán por firmar obligaciones en plena campaña electoral del Partido Liberal, por cobrar comisiones y demás “beneficios” paralelos: un gran clavo para el Estado, un gran perjuicio para los vecinos; una gran desilusión –otra más– para todos.

Ya no se trata de aprender lecciones, porque no es momento de alegar ignorancia de estos hechos. Las lecciones dadas por los corruptos vienen amontonándose en cantidad suficiente, desde hace mucho tiempo, como para que el gobernante más inexperto e ingenuo conozca perfectamente el modo de proceder de las personas envueltas en estos latrocinios incorporados a las obras públicas como parte “natural” de sus ejecuciones.

Tal vez en la Capaco misma haya algunos empresarios patriotas –sobre todo entre los pequeños– que quieran cooperar con el saneamiento del sector y estén dispuestos a tomar verdaderamente un “nuevo rumbo”, en alianza con gobernantes y funcionarios también patriotas, decididos a cambiar las cosas para bien de todos. Se debe corregir la corrupta situación actual.

fuente:abc

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