Las nuevas economías urbanas en las ciudades del interior: comercio y servicios

Desde la década de 2000, las ciudades del interior se distinguen por una instalación masiva de nuevos servicios y comercios. Si la producción agrícola sigue siendo predominante en la economía nacional, el sector comercial y de servicios experimenta un marcado crecimiento, muy vinculado al buen desempeño del sector primario.

Aunque las dos principales aglomeraciones (Asunción y Ciudad del Este) siguen concentrando el 60% de las unidades económicas de los sectores comercio y servicios, estas actividades se expanden en las ciudades del interior. De este modo, los centros urbanos diversifican la base económica de las regiones en las que se encuentran.

En Paraguay, hasta la década de 2000, la economía del interior del país se caracterizaba por un dinamismo muy limitado: predominaban la ganadería extensiva y la agricultura familiar tradicional, ambas de muy débil capacidad productiva y acceso a mercados. En este contexto, las ciudades no lograban captar la renta rural suficiente para desarrollar y diversificar las actividades comerciales y de servicios, cuya estructura era bastante básica.

Una pequeña actividad comercial, y la presencia de una débil plataforma de instituciones y de servicios públicos permitían sostener una base económica urbana poco dinámica. Desde 1970 hasta la década de 2000, solamente algunas ciudades experimentaron un fuerte crecimiento de su base económica, aunque estas ciudades eran poco numerosas y no se distribuían de manera homogénea en el territorio nacional. Las ciudades más dinámicas fueron las ciudades fronterizas, junto con Coronel Oviedo y Caaguazú, que eran las únicas que no se encontraban en espacios fronterizos.

Las nuevas ciudades emergentes se presentan como centros urbanos más dinámicos que otras ciudades, inclusive en algunos casos, más que las capitales departamentales. Entre las ciudades más dinámicas están: San Estanislao, Curuguaty, Santa Rosa del Aguaray, Coronel Oviedo, Caaguazú, J. E. Estigarribia, Villarrica, San Ignacio, San Juan Nepomuceno, Concepción, Pilar, Filadelfia y Loma Plata.

Capacidad de atracción

En estos centros urbanos se desarrolla y se consolida una actividad comercial y de servicios que los dota de una nueva capacidad de atracción. Por primera vez en la historia económica, las ciudades tienen la fuerza suficiente de poder capturar la renta rural, ejercer un dominio sobre estas zonas y, al mismo tiempo, de integrarlas por sus comercios y servicios. De igual forma, no puede soslayarse el rol “modernizante” de las ciudades, entendidas como centro de innovaciones, de objetos y prácticas sociales y culturales diferentes a las anteriores, donde dominaban las pautas de comportamiento eminentemente rurales. Así, un “deseo” de vivir el fenómeno urbano parece tomar forma.

Si antes se esperaba que una ciudad fuese grande, en población como en superficie, para ser tratada como tal, hoy se observa que las ciudades emergentes no son muy pobladas, ni necesitan serlo, puesto que la ciudad funciona con su propia población urbana y sobre todo con “usuarios” locales y regionales, provenientes tanto de las zonas rurales como de otras ciudades y regiones inclusive.

Las ciudades emergentes crecen y construyen nuevas centralidades porque son capaces de ofrecer mayores y mejores servicios no tradicionales de salud, es decir, consultorios odontológicos y oftalmológicos, clínicas privadas diversas, laboratorios de análisis clínicos, así como de servicios educativos, principalmente ofrecidos por las universidades e inclusive en algunas ciudades ya existen ofertas de colegios privados. Los nuevos servicios financieros a los que accede la población, caracterizada en muchas ciudades por la presencia simultánea de varios bancos y financieras, así como la gama de comercios orientados a satisfacer la nueva demanda de electrodomésticos.

Este nuevo contexto económico permite también una diversificación de los ingresos, incluso para una parte de la población campesina, que anteriormente solo contaba con el algodón como rubro de renta y cuyos ingresos, además de ser irregulares, estaban mal distribuidos a lo largo del año.

Las ciudades no solo son plataformas de acceso a bienes (insumos) y servicios (financieros, por ejemplo) destinados a la actividad agrícola; además ofrecen una diversidad de productos de consumo corriente (equipamiento del hogar y de la persona) y de servicios a la población (universidades, servicios de salud y de bienestar, etc.). De ahora en más, estos productos y servicios son accesibles a una parte de la población que anteriormente no disponía de recursos suficientes para el consumo o no podía acceder a los mismos porque solo estaban disponibles en Asunción o en otra ciudad “grande”.

Varias de las nuevas ciudades emergentes se encuentran en departamentos que tradicionalmente se asociaban a la pobreza. Sin embargo, las cadenas productivas han posibilitado el incremento de los ingresos principales en estas zonas, reduciendo la pobreza y favoreciendo la emergencia de nuevas ciudades. Un dato no menor es el aumento de los ingresos en las zonas rurales, que si bien aún son inferiores a los urbanos, han aumentado de forma considerable en algunos departamentos como Caaguazú y San Pedro.

Las ciudades del comercio y de los servicios

Las nuevas economías urbanas se especializan en el sector comercial y de servicios, siendo este último el más novedoso e inédito ya que numerosas ciudades ya constituían pequeñas plataformas comerciales, aunque con una débil oferta de servicios. Sin embargo, a partir de la década de 2000, se asiste a una multiplicación de los servicios, que no sólo alimentan al sector agropecuario, sino que responden también a la expansión de la actividad comercial.

A modo de ilustración, los bancos prestan servicios tanto a los productores como a los comerciantes. Por su parte, los hoteles hospedan a productores, a actores del agronegocio, así como también a representantes comerciales y distribuidores. Para citar otro ejemplo, el desarrollo de los servicios jurídicos y de contabilidad es un indicador del dinamismo del sector terciario, que se fortalece en las ciudades. El nuevo dinamismo económico alienta a las empresas asuncenas a ingresar al “mercado del interior del país”: bancos y financieras, empresas de venta de electrodomésticos, de colchones, seguros, inmobiliarias, heladerías, entre otros.

Estas transformaciones regionales y urbanas se deben también a la expansión de la red vial asfaltada, que permite una mayor integración de las regiones entre sí, y una cierta convergencia de sus niveles de desarrollo.

El futuro de las economías urbanas

El crecimiento de las ciudades y el aporte de estas a la economía ira incrementándose a medida que aumente la población urbana y con ello diversos sectores de la economía. En efecto no solo el comercio y los servicios aumentarán su demanda, sino también las viviendas y las infraestructuras sociales, representando tanto oportunidades como desafíos para la gestión pública.

No existe ninguna institución pública que regule, planifique, acompañe o proyecte el crecimiento de las ciudades, salvo la Secretaria Técnica de Planificación, aunque con capacidades restringidas. El Instituto de Desarrollo Municipal, que funcionó desde 1971 al 2002, fue quizás la única instancia que hubiese podido atar los cabos de la planificación central con las dinámicas locales (municipalidades) y regionales (gobernaciones). Como esto parece lejano, la estructura urbana del país seguirá transformándose sin planificación.

A continuación algunos escenarios para las ciudades y sus economías

a. Las deseconomías urbanas en las aglomeraciones metropolitanas: falta de planificación, escasas inversiones en las ciudades más pobladas y con menor equipamiento urbano como Asunción, Ciudad del Este, Caaguazú. Si no se realizan inversiones en equipamiento urbano se intensificarán las externalidades negativas, asociadas a la contaminación, el tráfico de vehículos, la ocupación de espacios públicos. Estos factores elevan el costo de vida y desmotivan a los habitantes.

b. Las ciudades de frontera: deberán hacer frente la disminución de la demanda desde Brasil, generando oportunidades de reconversión, intensificación e inclusive el desarrollo de estrategias que incentiven el turismo interno de compra, con clientes paraguayos.

c. Las “antiguas ciudades”: que quedaron fuera de los ejes principales pero que son sede de diversas instancias públicas, como San Pedro, Caazapá y otras que si bien son capitales administrativas no lograron aún tener un despegue económico importante. Presentan el desafío de generar dinamismo e insertarse al juego económico regional.

d. Las ciudades emergentes: pueden consolidarse como centros de poblamiento secundario, reteniendo población, pero necesariamente precisarán de infraestructuras y equipamientos para acompañar el dinamismo actual.

e. Las posibles ciudades emergentes: que podrían surgir a partir de la construcción de nuevas rutas como Yuty, Bella Vista y Vaquería entre otras.

Nuevas

Entre las nuevas ciudades más dinámicas están: San Estanislao, Curuguaty, Santa Rosa del Aguaray, Coronel Oviedo, Caaguazú, etc.

Pobreza

Varias de las nuevas ciudades emergentes se encuentran en departamentos que tradicionalmente se asociaban al flagelo de la pobreza.

Aliento

El nuevo dinamismo económico alienta a las empresas asuncenas a ingresar al “mercado del interior del país”: bancos y financieras, seguros, etc.

2000

A partir de la década de 2000, se nota una multiplicación de los servicios, que no solo alimentan al sector agropecuario, sino también al comercio.

Se diversifican ingresos

El nuevo contexto económico permite también una diversificación de los ingresos, incluso para una parte de la población campesina, que anteriormente solo contaba con el algodón como rubro de renta y cuyos ingresos, además de ser irregulares, estaban mal distribuidos a lo largo del año.

Aporte del crecimiento

El crecimiento de las ciudades y el aporte de estas a la economía irá incrementándose a medida que aumente la población urbana y con ello diversos sectores de la economía. En efecto, no solo el comercio y los servicios aumentarán su demanda, sino también las viviendas y las infraestructuras sociales.

Las ciudades no solo son plataformas de acceso a bienes (insumos) y servicios (financieros, por ejemplo) destinados a la actividad agrícola; además ofrecen una diversidad de productos de consumo corriente (equipamiento del hogar y de la persona) y de servicios a la población.

Desde 1970 hasta la década de 2000, solo algunas ciudades experimentaron un fuerte crecimiento de su base económica, aunque estas ciudades eran poco numerosas y no se distribuían de manera homogénea en el territorio nacional. Las ciudades más dinámicas fueron las fronterizas.

Las “antiguas ciudades” que quedaron fuera de los ejes principales, pero que son sede de diversas instancias públicas, como San Pedro, Caazapá y otras que si bien son capitales administrativas no lograron aún tener un despegue económico importante, presentan el desafío de generar dinamismo. fuente abc

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