MI NOMBRE ES MARILYN

“No quiero hacer dinero. Sólo quiero ser maravillosa”, decía la diva. Y en ese espíritu, seis mujeres unidas por un icónico lunar asumen el glamour, sensualidad e inocencia de un mito. Es el homenaje a un referente universal: Miss Monroe.

Carmen Barros

Una época, las cámaras, la música, autógrafos, ser admirada por los hombres. Todo une a la emblemática artista nacional con la Monroe. “La gran diferencia entre nosotras es que a ella le faltó amor. Yo lo tuve a raudales”, afirma la actriz que interpreta a la norteamericana en el elogiado montaje de Alejandro Goic, Mi Marilyn Monroe.
Menuda, distinguida, coqueta, independiente y con esos aires de estrella clásica —al igual que su referente en escena— capta la atención del lugar en cuestión de segundos. Un año mayor (87) que la malograda diva, sí acepta un inédito rasgo de comparación entre ellas: “Mucha inseguridad. Me veo como esa Marilyn frágil. Supero muchas cosas, pero tengo los mismos miedos que ella. Básicamente en nuestro ADN existe esa misma duda, esa de preguntarnos de manera constante ‘¿Soy capaz?’. Si ella necesitaba ser devorada por hombres y mujeres era por su inseguridad. Ella necesitaba amor y lo confundía con sexo”.

Fernanda Hansen

“¿Los caballeros las prefieren rubias? No sabría decirlo”. La periodista de CNN Chile y Radio Bio Bio, además de próxima debutante en cine con la comedia El babysitter, no quiere entrar en comparaciones con el currículum festivo de la artista, menos caer en el estereotipo tras una chica platinada. Su interés pasa por la historia del icono: “Soy bien joven, así que no la vi en Tardes de cine. Sé de ella por su relevancia en una época. Obviamente por lo guapa y talentosa que era. Y por su muerte, que también fue muy trágica”.
Su memoria remite a la Monroe  pin-up. Look que hace poco replicó en una sesión de fotos con un grupo de amigas. “Me gusta su imagen transgresora. Cantando a los militares, rodeada de hombres. Es un referente súper sensual”.

ndrea Molina

“Marilyn nació a pata pelá. Tenía un erotismo desde lo bruto”, recalca esta parlamentaria. La ex figura de la TV se conoce su biografía al dedillo y puede dar cátedra. Recorre todas sus etapas. De todo, rescata —y admira— su desenfado: “Se sienta en todo el mundo. Le da lo mismo”. Apunta que la artista representa todo lo que una mujer quisiera ser, “verse bella, juguetona… ¿Deseada? ¡Por cierto!”.
La legisladora no olvida sus días frente a la lente. Al igual que la Monroe, conoce sus mejores ángulos y seduce desde la primera toma. “Nos falta ser más lúdicas, como ella. Atrevernos más. Creernos el cuento. No tomar tan en serio todo. Pienso que puedes hacer tu pega y ser buena, pero no por eso dejar de ser la mujer que eres”. Vestirte, comer, mirar como mujer. Marilyn es eso”.

Mayte Rodríguez

“Desde muy chiquitita la conocí porque crecí alrededor de accesorios, cajas y adornos con su imagen. Ni siquiera le preguntaba a mi mamá (Carolina Arregui) quién era Marilyn, ya que daba por sentado que era la gran actriz de Hollywood”, recuerda la ex Infiltradas y figura de la próxima teleserie nocturna La sexóloga (CHV).
Es de noche y hace un frío paralizante. Pero, al igual que su ídola infantil (“Tenía como 10 años, y cuando pillaba una peluca rubia… ¡bum!, aplicaba labios rojos, lunar y me disfrazaba como ella”), se mueve juguetona, soporta ráfagas de viento gélido bajo su falda para replicar la clásica imagen de La comezón del séptimo año. ¿Se queja? Nada. “Me identifica la Monroe alegre y sonriente”, afirma. Y no hay duda

 

 

 

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