Lujos para jefe criminal

Por Juan Carlos Lezcano F.

Vinculado a un centenar de muertes violentas, encargado del narcotráfico de uno de los grupos criminales más peligrosos del Brasil, Luiz Cláudio Machado, alias “Marreta”, vivía en una casa de lujo y con alta seguridad en un exclusivo barrio de Asunción.

Apenas comenzaban a despuntar los primeros rayos de luz cuando la comitiva llegó. En el número 2.220 de la calle Pablo Alborno del barrio Ykua Sati de Asunción no se notaba aún movimiento alguno.

La lujosa casa de dos pisos en cuyo garaje había un automóvil último modelo no llamaba demasiado la atención. Era una más en una de las zonas más exclusivas y lujosas de Asunción. A pocas cuadras está la avenida Aviadores del Chaco y la zona en la que se enclavan hoteles de lujo y se construyen actualmente ambiciosos proyectos como el World Trade Center y el Blue Tower.

Los llamativos eran, en realidad, los ocupantes de esa fastuosa residencia. Nadie podría imaginarse que en el interior vivía desde hacía varios meses uno de los máximos del Comando Vermelho, un grupo criminal brasileño considerado altamente peligroso.

La comitiva no pasaba de la veintena, pero entre ellos estaban varios de los hombres con mayor entrenamiento para incursiones en la lucha contra el narcotráfico. Eran cuatro o cinco agentes especiales, algunos componentes del grupo militar de élite de la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad) y funcionarios del Ministerio Público.

Cuando el fiscal antidroga Marcelo Pecci dio la orden de ingresar al domicilio, probablemente nadie en la comitiva esperaba encontrar lo que hallaron. Apenas intentaron abrir la puerta principal se encontraron con que la casa poseía además gran lujo, un alto grado de seguridad. “Una fortaleza de lujo, podría decirse”, recuerda el agente fiscal meses después mientras conversamos sobre el caso en su oficina.

La casa contaba además con un complejo sistema de circuito cerrado que había permitido que el hombre al que estaban buscando consiguiera darse cuenta de su presencia y aprovechara el tiempo que le daba la seguridad de la puerta para tratar de escapar. El prófugo aprovechó los minutos que tardaron en forzar la entrada para subir al techo y pasar de una casa a otra saltando sobre los tejados vecinos. Cuando ya estaba llegando a la calles que pasaba al otro lado de la cuadra, los agentes de la Senad consiguieron detenerlo.

Tras meses de investigación, por fin habían dado con él. Estaban frente a Luiz Cláudio Machado, conocido con el alias de “Marreta”, uno de los hombres más importantes en el esquema delictivo del peligroso Comando Vermelho, una organización criminal brasileña fundado a finales de la década del ’70 por Cándido Mendes en la prisión de Ilha Grande y dedicada principalmente al narcotráfico.

El poderío del CV fue en aumento durante la década 1990, cuando se convirtió en la organización criminal más poderosa en Río de Janeiro, poderío que fue perdiendo debido a la aparición de otros grupos que comenzaron a disputárselo. Luego del periodo débil del Comando Vermelho, apareció otro líder máximo que despertó la voracidad de la organización y que la reposicionó nuevamente como una de las más temidas de toda la región. Se trata de Luiz Fernando da Costa, mejor conocido como Fernandinho Beira Mar, actualmente de 47 años, encerrado en una prisión de máxima seguridad desde el año 2001 y quien viviera escondido durante varios años en Paraguay.

De acuerdo a informes de la prensa brasileña, Marreta controlaba el comercio de drogas de la organización encabezada por Beira Mar en la región y se encargaba además de la provisión de armas para los criminales que forman parte de esta banda.

Machado es conocido en Brasil por su perfil altamente violento. ABC Color intentó conversar con los efectivos de la Policía Federal responsables de su detención y para ello se comunicó con el delegado Fabio Andrade, quien aseguró que respondería todas las preguntas necesarias siempre y cuando fuera a través de e-mail. Luego de que le enviáramos las preguntas, el jefe policial brasileño no volvió a responder y tampoco a contestar nuestras llamadas.

Marreta fue detenido en agosto de 2011 en un departamento ubicado en la localidad denominada Mangueira 2. Antes de ir a la prisión, dominaba el tráfico de drogas desde la favela llamada Complejo del Alemán. En diciembre de 2012 consiguió fugarse del Instituto Penal Vicente Piragibe, ubicado en el complejo Gericinó, un centro penitenciario ubicado en las cercanías de la Serra do Mendanha, en las afueras de la ciudad de Río de Janeiro. Para escaparse había utilizado un túnel conectado a la tubería del alcantarillado de la prisión, junto a otros 26 reos.

Una vez que volvió a estar en libertad, comenzó a circular por las favelas dominadas por el CV y protagonizó enfrentamientos con otros grupos rivales en la disputa por el territorio, entre ellas el Tercer Comando Puro (TCP).

Su fama de sanguinario es tal que existen versiones de que él y sus secuaces ofrecían 300 reales por cada policía que era asesinado. Es señalado como el que dio la orden de ejecución de más de 100 personas y la Policía brasileña montó operativos con más de 300 efectivos para recapturarlo en varias oportunidades y no lo consiguió. A través de una página en la que aparecen los nombres de los criminales más buscados, se ofrecía una recompensa de 5.000 reales al que diera información sobre su paradero.

“Marreta” controlaba por videollamada de celular cada ejecución dispuesta por la cúpula de Comando Vermelho.

En octubre de 2013, un adolescente que había sido detenido con tres fusiles confesó que el armamento había sido provisto por Marreta. En algún momento de 2014, el traficante decidió fugarse a Paraguay acompañado por su esposa y decidió instalarse en uno de los barrios más exclusivos de Asunción.

Pecci reconoce que quedó impresionado con el nivel de lujo y confort en el que vivía uno de los criminales más buscados del Brasil en la capital paraguaya. “Ostentaciones particulares no tenía, pero si un nivel de alto confort y mucho dinero en efectivo”, relata. De hecho, en poder del traficante fueron hallados unos US$ 80.000 en efectivo, algo que para el fiscal paraguayo “marca la pauta del poder económico de esta persona”.

La casa en la que vivía Marreta era alquilada y el alquiler tenía un costo aproximado de US$ 3.000 o 4.000 mensuales. En el interior tenía una amplia sala, quincho, pileta, hidromasaje en los baños, circuito cerrado, bebidas de alto valor y muebles de lujo. Además contaba con un importante esquema de seguridad. Para movilizarse usaba una camioneta del año y contaba con una serie de elementos de disponibilidades logísticas para lograr pasar desapercibido.

“Se cuidada mucho en salir. Cuando lo hacía era con tal cuidado, pero ciertamente lo que encontramos allí (en la casa) condice con el perfil de las autoridades brasileñas nos señalaron con respecto al mismo”, manifiesta el agente fiscal.

Esa era, de hecho, su estrategia de seguridad: pasar sigilosamente, desapercibido, para que nadie comenzara a hacer preguntas que pudieran incomodarlo. Era un vecino más en un barrio de lujo. Vivía con su esposa y una empleada doméstica, ciudadana paraguaya, al momento de su detención.

La investigación para encontrar al peligroso criminal llevó dos o tres meses de trabajo e incluyó la colaboración de varias instituciones paraguayas y brasileñas. Pecci reconoce que cuando dieron por primera vez con la casa en la que se encontraba viviendo Marreta, no se tenían aún datos que permitieran confirmar que efectivamente se trataba de él. Se tuvo que realizar seguimientos de días e incluso semanas para poder tener una confirmación efectiva.

Pasaron apenas algunas horas antes de que Machado fuera llevado en avión hasta la frontera con Brasil para ser entregado. Pecci explica que la decisión de realizar la expulsión inmediata del mismo se tomó luego de que el departamento de Migraciones confirmara que el mismo tenía infracciones migratorias. “Esta persona estaba indocumentada por lo tanto correspondía la expulsión del mismo. Es un logro importante en el sentido de que el crimen organizado tiene la connotación de la transnacionalidad y sin la cooperación internacional rápida y efectiva es imposible”, acota.

“El Paraguay siempre lo ha hecho. El crimen organizado no da tiempo, realmente cuenta con muchos medios para vulnerar cualquier tipo de sistema. Si está la posibilidad, yo soy de la creencia que debe realizarse la expulsión en forma rápida”, apunta.

El fiscal antidroga reconoce que no se puede descartar que Marreta contara con algún tipo de protección local. En casos como éste esa es precisamente una de las preocupaciones más comunes. “Sabemos bien que tenemos excelentes agentes policiales pero tenemos también otros que lastimosamente no siguen ese camino. Todo es posible en el ámbito de la investigación”, afirma.

La detención de Marreta llegó muy poco tiempo después de que también en Asunción se detuviera al “doctor Horror”, un médico buscado también por el Brasil y que debe afrontar en el vecino país una larga condena tras ser acusado de casi 40 violaciones de sus pacientes. Una vez más, la vulnerabilidad de las fronteras paraguayas quedó de manifiesto con la presencia de dos de los criminales brasileños más buscados en nuestro país. “Se ratifica esa situación, esa vulnerabilidad fronteriza. Implica reformular estrategias, mayores controles y mucha cooperación y reciprocidad con los países para repeler este tipo de conexiones”, puntualiza Pecci.

Hasta el momento, las autoridades paraguayas no tienen información concreta sobre la posibilidad de que Marreta siguiera orquestando las actividades ilícitas del CV desde territorio paraguayo, pero para Pecci es razonable sostener la hipótesis de que los contactos con el grupo eran fluidos. “No se podría descartar algún ilícito ya dentro de Paraguay”, afirma.

“Con ese poder económico, con esa dirección, con ese relacionamiento con grupos criminales, creo que hemos evitado realmente una situación de riesgo constante porque tenerle una persona así afincada aquí realmente genera preocupaciones”, acota.

No es la primera vez que un alto jefe de una organización criminal brasileña es detenido en territorio paraguayo. El mismo Fernandinho Beira Mar vivió durante varios años en nuestro país y fue aquí, de hecho, desde donde levantó una enorme estructura de narcotráfico con conexiones a Colombia y Europa. Además varios cabecillas y miembros del Primer Comando Capital (PCC) fueron detenidos en nuestro país como los brasiguayos Jarvis Pavao y Carlos Antonio Caballero, alias “Capilo”. Esto pone de manifiesto que la presencia de estos grupos en nuestro país es fuerte.

“Ciertamente son manifestaciones muy visibles de esto que estamos hablando, de este fenómeno que estamos tratando. Tenemos muchos casos de ciudadanos brasileños que se afincaron y armaron grandes estructuras. Muchos están hoy recluidos pero las estructuras o los modelos de estructura siguen vigentes”, reconoce Pecci. Estructuras que hoy en día están en poder de paraguayos.

“Esa mala escuela fue aprendida ya por varios exponentes del narcotráfico en Paraguay que fueron independizándose y teniendo autonomía propia”, sentencia.

Así, uno de los criminales más buscados en el Brasil fue detenido en la capital paraguaya, donde llevaba una vida lujosa en un barrio exclusivo, a la vista de todos.

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