El sexo le escapa a la crisis y la gente invierte dinero para mantener el deseo

La pasión es más fuerte.La venta de Viagra crece más que la de algunos analgésicos y cada vez más personas hacen terapia para mejorar su intimidad. Los “sexcoach” están de moda. Y el uso de juguetes sexuales se está volviendo habitual.

Los precios crecen más que los sueldos. El mercado laboral está quieto y al cóctel se suman desde el estrés de fin de año hasta el susto por la inseguridad. Pero los argentinos, que nos especializamos en surfear crisis y en disimularlas, aprendimos que nunca hace bien renunciar al sexo, aunque estemos estresados. Porque los medios nos venden erotismo todo el tiempo, porque hablamos de sexo cuando nos juntamos con amigos y porque de a poco nos fuimos enamorando de los sexólogos, esos cancheros con título que juran que hacer el amor apaga el dolor de cabeza y libera dopamina (la hormona del bienestar), entre otros beneficios.

De julio del año pasado a éste, la venta de algunos analgésicos no narcóticos tradicionales como la cafiaspirina cayeron más del 12%, según datos de la consultora IMS Health. En el mismo período, la venta de Viagra –si se cuentan laboratorios líderes como Bayer y Pfizer– creció más de 5%. En Buttman, un sex shop de Corrientes al 2000 que provee a otros locales, este año incorporaron nuevas formas de pago a su Web y las ventas virtuales crecieron un 15%.

Al mismo tiempo, Paola Kullock, figura mediática que se especializó en organizar talleres de erotismo, este año incluso hará temporada de verano en Carlos Paz enseñando a los turistas a amar. En paralelo, los sexólogos tienen un nuevo tipo de cliente, ya que ahora se los busca como “sex coachs”. “Hace diez años venían a verme por disfunciones eréctiles que se trataban con medicación; hoy, es común que vengan parejas a aprender juegos y técnicas para excitarse”, admite el médico sexólogo Walter Ghedin. La clave pasa por animarse a jugar.

El interés por mantener la vida sexual plena en tiempos de inflación llega también a las cuponeras de descuentos. Días atrás, en Groupon se publicaba una oferta para contratar un turno de tres horas en un hotel alojamiento de Palermo con jacuzzi a $287 en lugar de $485. En Cupónica, se ofrecía un kit sexual (anillo vibrador para el pene, gel lubricante y preservativos) por $159.

Una de las encargadas del local de Buttman, Mariana Rincón, dice: “Aumentó la cantidad de sex shops y la venta online, hay más competencia, eso se nota mucha”. Pero la crisis, en algún punto está presente, aunque no en el interés. “En el local no bajó la cantidad de gente que viene, pero notamos que preguntan más que antes y comparan precios. Muchas veces se llevan lo más barato, antes que lo de más calidad, que suele ser importado. Yo los cargo y les digo: ‘Estos no son productos de primera necesidad… Bueno, depende para quién’”.

Impulsados por conocer el arte del juego erótico, lo que más piden los clientes son las velas para hacer masajes, que cuestan entre $57 y $100. Se prenden y una vez que se derriten se puede volcar sobre el cuerpo de la pareja. Son comestibles y tienen sabores frutales.

“Llegan muchas parejas por primera vez. Te dicen: hace años que estoy casada y quiero probar algo para reactivar la pareja. Y tenés que indagar en los gustos personales para elegir qué producto recomendar”, dice Rincón.

¿Pero cómo despejar la cabeza cuando se viene encima fin de año o la plata rinde menos que antes? El sexólogo Ghedin cuenta: “Yo recomiendo focalizar la atención en todo el juego previo. Hacer el amor no es solamente la presión por penetrar y eyacular. Cuanto más dure lo lúdico, mejor. Se trata de aumentar las sensaciones corporales y de prolongarlas. Esto quita la atención de otras preocupaciones”.

El caso de Kullock podría ser ejemplo de la necesidad de los argentinos por mantener el deseo ardiendo. Creó hace unos años su propia Escuela de Sexo y no para de diversificarse. Dicta talleres eróticos para aprender a complacer al hombre o a la mujer en la cama, seminarios de streaptease, de baile del caño y hasta da clases con técnicas para jugar con un cubito de hielo (o una fruta) en el cuerpo de la pareja. “Este año, hice muchos viajes al Interior para dar charlas, incluso me llamaron de ciudades pequeñas”, explica.

Kullock también organiza jornadas de fotos eróticas. “Es un día completo en el que viene un fotógrafo profesional y los grupos de mujeres, de todas las edades, se visten con lencería erótica y buscan poses sugerentes. Se llevan copias de las fotos y un DVD. Esta actividad crea un efecto muy importante para la autoestima, las hace sentirse sexy y eso termina mejorando sus relaciones sexuales”. Los encuentros fotográficos se organizan no menos de tres veces al año, con un costo de $600. Todo vale a para volver a quererse y volver a querer.

Publicado por

Redacción

Redatores: Edgar Encisco y Oscar Lopez

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