CEPB experimenta con los alumnos uso del celular dentro de las aulas

Al menos el 50% de los 1.200 alumnos que asisten al Colegio Experimental Paraguay Brasil (CEPB) usan el celular en el aula, como herramienta de refuerzo. Los mismos docentes son responsables de la iniciativa.

Si bien el uso del celular como herramienta pedagógica no es nuevo en el mundo ni en la región, su aceptación en clase es poco conocida en las instituciones educativas públicas o privadas del país.

Esta realidad está cambiando desde hace ya unos años en el Colegio Experimental Paraguay Brasil (CEPB), donde algunos profesores decidieron, como el nombre de la institución sugiere, experimentar con la utilización de los teléfonos celulares de los alumnos en las aulas. La práctica se da sobre todo en asignaturas como lengua y literatura castellana o artes plásticas.

El CEPB funciona como una institución subvencionada, cobra una cuota mensual a los padres y se sostiene también con recursos de la Universidad Nacional de Asunción (UNA).

“Los chicos tienen estos aparatos todo el tiempo, prácticamente forma parte de sus cuerpos, son los nuevos hombres del siglo XXI, de la Generación Z”, comenta la profesora Álvarez.

Entonces la escuela no puede divorciarse de esta realidad, tiene que adaptarse si quiere llegar a los chicos, asegura. “Tenemos que llegar a ellos si queremos darles una educación para la vida, para que sean mejores personas y estudiantes”, agrega.

¿Cómo se aplica? Los alumnos del octavo grado cuentan cómo usan sus teléfonos en clase, sin apartarse de los libros o cuadernos.

“Nos sirve para tres cosas, buscamos más información en los buscadores como Google, la calculadora para nuestras notas y para consultar con el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE)”, indica la alumna Constanza Martínez, del octavo grado.

Para el chico Matías Irrazábal, el uso responsable del celular incluso les permite adelantar las tareas y no llevan tantos ejercicios a la casa.

Pero no todo es positivo en el uso del celular. La profesora de lengua apunta que una de las dificultades de la nueva generación es la concentración. Los niños y jóvenes son dispersos, se distraen con fácilidad y les cuesta enfocarse en los temas específicos. En gran medida esto se debe a la relación permanente con las nuevas tecnologías. “Su cabeza es como el WhatsApp, dividida en varios estancos, con muchas cosas en la cabeza”, opina. La solución para la maestra es educar sus voluntades para que puedan concentrarse en los contenidos específicos a la hora de aprender. Además, los aparatos permanecen guardados y en silencio en las mochilas, y se usan por momentos.

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