Educar y soñar

El Centro Educativo Mbaracayú, dirigido por la licenciada Sanabria, es un colegio internado que recibe a adolescentes campesinas, indígenas y brasiguayas para ofrecerles una educación basada en agronegocios.

En sus rostros se reflejan las ganas de salir adelante, de estudiar. Son jóvenes mujeres, entre 15 y 19 años, que albergan la esperanza de una vida mejor, de romper barreras, de abrazar metas: ser profesoras, enfermeras, ingenieras o tal vez médicas. Son las alumnas del Centro Educativo Mbaracayú (CEM), una institución autosustentable perteneciente a la Fundación Moisés Bertoni que recibe a adolescentes mujeres de la zona de la Reserva Natural del Bosque Mbaracayú. Está ubicada a 315 km de Asunción, en el departamento de Canindeyú. El colegio internado abrió sus puertas en 2009 para ofrecerles a las jovencitas una educación de calidad enfocada en los agronegocios.

La titular del CEM, Sonia Sanabria, explica que aquel es un lugar en el cual el acceso a los servicios de educación y salud es muy difícil. “Muchas niñas no pueden culminar la primaria porque la escuela está alejada de su casa o porque sus padres ya no la quieren enviar, entonces, se quedan como amas de casa o ayudantes en los campos de cultivo. Acá ellas tienen la posibilidad de estudiar y convertirse en profesionales para ayudar más adelante a su comunidad, una meta anhelada por ellas”, señala.

¿Por qué el colegio es solo para jóvenes mujeres? Es para que las mujeres de la zona puedan acceder a una mejor educación, mejor dicho, a una educación. Algunas de ellas, si no tuvieran esta posibilidad, tal vez dejarían de estudiar. Además, por una cuestión cultural, las chicas son las que se quedan en la casa como amas de casa y por tal motivo, no van a estudiar; menos si el colegio queda lejos de su hogar. Es por eso que nosotros les damos esa oportunidad de capacitarse.

¿Cuáles son los requisitos para ser parte del instituto? Nosotros disponemos del bachillerato técnico en Ciencias Ambientales, enfocado en los agronegocios. Deben haber culminado el 9° grado y tener las ganas de estudiar y salir adelante mediante el estudio constante. Cada año, se presentan entre 70 y 80 adolescentes para estudiar en el CEM, de las cuales quedan 60. Ingresan las primeras inscriptas. Para el próximo año, queremos implementar una especie de examen de ingreso, en el cual las postulantes puedan demostrar que quieren aprender realmente.

En una diversidad de alumnas, ¿cómo logran la convivencia armónica? Como la zona es multiétnica, las alumnas provienen de comunidades campesinas, indígenas y brasiguayas –como ellas se autodenominan–, Lo primero que las chicas aprenden es a tolerar y a compartir. Al principio es difícil, porque cada una llega con una cultura diferente, pero poco a poco se van adaptando. En las primeras semanas se trabaja ese aspecto y durante ese proceso cada una de las alumnas va aprendiendo un poco de cada cultura: costumbres, lengua y forma de ser.

¿Todas tienen el mismo nivel académico? Lo que nos preocupa es que en algunas comunidades indígenas a las estudiantes les cuesta llegar hasta el 9° grado, por diferentes razones. Este año no creo que tengamos alumnas aché, porque no hay chicas que estén llegando al 9°.

¿A qué se debe esto? Esta es una zona que va creciendo de a poco. El acceso a la educación es muy difícil y más en las comunidades indígenas. Bueno, en este punto se está logrando un avance porque en cada comunidad se va creando una escuela para fomentar la educación.

¿Cómo es el día a día de las chicas en el CEM? Todos los cursos, del 1° al 3er año, se dividen en grupos. Mientras uno tiene clases en el aula, los demás se concentran en otras actividades: atención dentro del Mbaracayú Lodge (el hotel de la reserva), en la granja de producción, en la huerta, la cocina y el comedor. En el Lodge, específicamente, realizan pasantías, enfoncándose en lo que es hotelería y turismo. Carmen Recalde, instructora de ecoturismo, es quien las capacita y asesora.

¿A través del Lodge y la granja logran autosustentarse? Sí. El aporte del turista por su estadía aquí va destinado al mantenimiento de la reserva y al sustento del CEM. En la granja, el trabajo consiste en el cuidado de los animales –gallinas, cerdos, vacas–, en la recolección de huevos, la producción de dulce de leche, que ofertamos en el hotel y también en Villa Ygatimí. Todo es artesanal. Además, las alumnas realizan la mezcla y envasado de especias; algunas, cultivadas en la huerta y otras, compradas de afuera.

El trabajo es constante… Por supuesto. Ahora, un grupo de chicas se encuentra desarrollando su pasantía. Las actividades en el CEM no cesan. Uno de nuestros eslóganes es aprender haciendo.

¿Cuándo las chicas visitan a sus padres? Los fines de semana tienen la posibilidad de visitar a sus familias o, en todo caso, esperarlas en el CEM. Como el acceso y salida del colegio es muy complicado, algunas optan por salir cada dos o tres meses.

¿Con qué capacidades egresa una adolescente del CEM? Las alumnas salen bastante capacitadas para afrontar el desafío laboral. Son muy requeridas en las zonas de Salto del Guairá, por ejemplo. También, las mejores egresadas obtienen becas para seguir estudiando. En Arroyo Bandera, una comunidad indígena de la zona, viven dos exalumnas aché que son becadas: estudian Educación Superior y enfermería. Una de ellas, la que aspira a ser profesora, ya está enseñando en su comunidad. Eso es algo muy positivo y más para las mujeres indígenas, cuya posibilidad de acceder a la educación es remota. Lo que rescatamos y destacamos es que van comprendiendo cómo la educación les cambia la vida. En este caso en particular, la joven ya cuenta con un rubro del Ministerio de Educación.

La beca es un estímulo para estudiar más… Claro. Cuando terminan el colegio, nosotros nos ponemos en campaña para conseguir las becas a las alumnas que más se esmeraron en aprender. Tenemos un acuerdo firmado con la Universidad Nacional de Villarrica, en lo que, actualmente están estudiando nueve chicas, a las que se van a sumar dos más este año. Y en Villa Ygatimí se encuentran ocho chicas cursando la universidad, de las cuales siete son indígenas.

Sanabria destaca que en la actualidad se están planteando una verificación del plan de estudios, para sacar a relucir qué es lo que realmente necesita la zona y si lo que están haciendo se adecua a las circunstancias actuales. “Estamos viendo la posibilidad de contar con un fondo para becas, para que más chicas puedan continuar con sus estudios universitarios”.

Esperanzas

Elisa Centurión (21) está encargada de la huerta del colegio. Es una exalumna del CEM, de la primera promoción. Estudiante de Agronomía, dice que decidió seguir trabajando en el instituto porque se siente cómoda allí. “Es una familia formada, ganada y nunca se para de aprender”. Lucía Benítez (17) es una de las alumnas que se encontraba de guardia cuando llegamos. Fue seleccionada, entre cinco mujeres, para ser guía de turistas en ecoaventuras. El sendero Aguara’i, que se introduce en las espesuras del bosque y luego retoma el camino para volver al colegio, lo conoce como la palma de su mano. “Yo soy de Villa Ygatimí. Me gusta el ambiente del colegio, nos tratan muy bien acá. Me estoy esmerando para salir adelante. Mi sueño es ser médica. Cuando lo cumpla, voy a volver a mi comunidad para ayudar a mi gente”, dice esperanzada. FUENTE : ABC

Publicado por

Redacción

Redatores: Edgar Encisco y Oscar Lopez

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