Ricardo Arjona dice que ahora se divierte menos, pero las cosas resultan mejor

Ricardo Arjona (Jocotenango, Guatemala, 1964), quien este sábado canta en el Jockey Club del Paraguay, rememora sus días previos al estrellato, cuando logró abrir por pura “testarudez” las puertas que reiteradamente le cerraban en las narices.

“(Cuando empecé a tener éxito) me vengué un poco de los portazos. Era muy necio entonces y hubiesen pasado más cosas más pronto si hubiese hecho más relaciones públicas. Por eso tuve dificultades para abrir nuevos lugares. No dejo de echar de menos a aquel tipo menos solemne y más burdo, pero, aunque hoy me divierto menos, las cosas resultan regularmente mejor”, reconoce.

A España se planteó viajar hace unos 30 años, cuando aún no era una estrella, en la transición entre sus días “de calle y noche porteña” en Argentina y su Guatemala natal. “Pero se me acabó la plata, no me llegaba para el boleto y tuve que quedarme en México”, recuerda con humor.

Las cosas cambiaron gracias a su disco Animal nocturno (1993), pero este hubo de permanecer guardado en un cajón durante dos años hasta que por fin un directivo creyó en él.

“Pasé de tocar en un bar y vivir del canje a vender tres millones de copias en un año”, destaca Arjona, cuya fama trascendió las fronteras de México con su disco Historias (1994), uno de sus mayores hitos profesionales, al que siguió Si el norte fuera el sur (1996), el “más arriesgado”, en el que rompió la imagen que le habían creado como mero “cantante romántico”.

Actualmente presenta Circo soledad (2017), el decimoquinto de estudio de su carrera. Este sábado, para el show en Paraguay, lo acompañarán nueve músicos en el marco de un despliegue escénico que incluirá payasos y equilibristas. EFE

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